Hay que librarse de prejuicios.
Los seres humanos somos por naturaleza susceptibles tanto a la crítica como a criticar. En ocasiones hablamos sin pensar, calificamos y señalamos lo que nos parece mal o incorrecto. Hacemos conjeturas sin saber los detalles de la información y comenzamos a “juzgar” de antemano. Prejuzgamos todo lo que desconocemos o a aquellos que no están de acuerdo con nuestra forma de vida o percepción del mundo.
Las ideas distorsionadas, limitan nuestro pensamiento e impiden ver con claridad la situación y por lo tanto, es imposible formular críticas positivas. Los prejuicios son este tipo de ideas incorrectas que nos hacen opinar erróneamente. Sin embargo, es difícil reconocer que sí tenemos prejuicios y que éstos los aplicamos a diario. De una u otra manera, los manifestamos en diferentes momentos o situaciones cotidianas, por ejemplo; al elegir una marca sobre otra de productos de belleza, decidimos sobre la más costosa sólo por el nombre sin constatar que tan eficaz es una y otra. También, cuando conocemos por primera vez a alguien de quien ya nos habían comentado ciertas cosas, hacemos una idea deformada de cómo es la persona, la prejuzgamos y de antemano no nos es agradable o aceptable por lo que terminamos rechazándola sin realmente permitirle que se muestre como es.
En mi opinión, esta actividad resultó muy enriquecedora pues el tema de los prejuicios fue algo que anteriormente no había contemplado, lo ignoraba a pesar de saber que sí los aplico en ocasiones. Para empezar me situó en un área peligrosa pues me obligó a autoanalizarme y a reconocer que tan prejuiciosa soy. Me hizo pensar en cómo reacciono frente a situaciones incómodas o personas que considero poco gratas, entonces me detuve a revisar si realmente hay algo reprobable o simplemente son mis prejuicios que antepongo.
La actividad de esta sesión resultó difícil con respecto a determinar qué prejuicios se manifiestan en cada uno de los artículos y tratar de explicarlos sin mostrar los propios. Traté de aplicar de la mejor manera el pensamiento crítico aludiendo a la humildad, la integridad y la justicia intelectual, ya que, para yo hacer el trabajo necesitaba la mente despejada y libre de todo prejuicio. Al hacer la lectura de los artículos al mismo tiempo me hacía preguntas como: ¿Qué pienso de esta problemática?, ¿cómo me afecta a mí esta situación?, ¿estoy de acuerdo con el escritor?, ¿tiene razón en criticar abiertamente al sistema?
Todas estas preguntas me ayudaban a encontrar si existía algún prejuicio y de qué tipo. Lo cierto es, que por parte de cada escritor consideré que sus opiniones a favor o en contra debían estar fundamentadas en base a la información que poseían y de sus propios conocimientos del tema en conjunto con su experiencia redactora. De igual forma, tomé en cuenta la fuente de procedencia del artículo, es decir, tomarlos de un periódico reconocido, con trayectoria y en el que se reúne una gran cantidad de analistas, escritores, pensadores reconocidos.
Para concluir es necesario decir que librarnos de los prejuicios sería casi imposible, desafortunadamente, nacemos con ellos, nos los inculcan como una manera de autodefensa ante la vida. Lo importante es saber aplicarlos positivamente, con un fin constructivo para ayudar a mejorar. Podemos prejuzgar siempre y cuado seamos objetivos, razonemos antes de discriminar o rechazar algo. Tomemos pues conciencia y sentido de la lógica al hacer comentario u opinión de las situaciones y las personas que nos vamos encontrando a lo largo de la vida.
Los seres humanos somos por naturaleza susceptibles tanto a la crítica como a criticar. En ocasiones hablamos sin pensar, calificamos y señalamos lo que nos parece mal o incorrecto. Hacemos conjeturas sin saber los detalles de la información y comenzamos a “juzgar” de antemano. Prejuzgamos todo lo que desconocemos o a aquellos que no están de acuerdo con nuestra forma de vida o percepción del mundo.
Las ideas distorsionadas, limitan nuestro pensamiento e impiden ver con claridad la situación y por lo tanto, es imposible formular críticas positivas. Los prejuicios son este tipo de ideas incorrectas que nos hacen opinar erróneamente. Sin embargo, es difícil reconocer que sí tenemos prejuicios y que éstos los aplicamos a diario. De una u otra manera, los manifestamos en diferentes momentos o situaciones cotidianas, por ejemplo; al elegir una marca sobre otra de productos de belleza, decidimos sobre la más costosa sólo por el nombre sin constatar que tan eficaz es una y otra. También, cuando conocemos por primera vez a alguien de quien ya nos habían comentado ciertas cosas, hacemos una idea deformada de cómo es la persona, la prejuzgamos y de antemano no nos es agradable o aceptable por lo que terminamos rechazándola sin realmente permitirle que se muestre como es.
En mi opinión, esta actividad resultó muy enriquecedora pues el tema de los prejuicios fue algo que anteriormente no había contemplado, lo ignoraba a pesar de saber que sí los aplico en ocasiones. Para empezar me situó en un área peligrosa pues me obligó a autoanalizarme y a reconocer que tan prejuiciosa soy. Me hizo pensar en cómo reacciono frente a situaciones incómodas o personas que considero poco gratas, entonces me detuve a revisar si realmente hay algo reprobable o simplemente son mis prejuicios que antepongo.
La actividad de esta sesión resultó difícil con respecto a determinar qué prejuicios se manifiestan en cada uno de los artículos y tratar de explicarlos sin mostrar los propios. Traté de aplicar de la mejor manera el pensamiento crítico aludiendo a la humildad, la integridad y la justicia intelectual, ya que, para yo hacer el trabajo necesitaba la mente despejada y libre de todo prejuicio. Al hacer la lectura de los artículos al mismo tiempo me hacía preguntas como: ¿Qué pienso de esta problemática?, ¿cómo me afecta a mí esta situación?, ¿estoy de acuerdo con el escritor?, ¿tiene razón en criticar abiertamente al sistema?
Todas estas preguntas me ayudaban a encontrar si existía algún prejuicio y de qué tipo. Lo cierto es, que por parte de cada escritor consideré que sus opiniones a favor o en contra debían estar fundamentadas en base a la información que poseían y de sus propios conocimientos del tema en conjunto con su experiencia redactora. De igual forma, tomé en cuenta la fuente de procedencia del artículo, es decir, tomarlos de un periódico reconocido, con trayectoria y en el que se reúne una gran cantidad de analistas, escritores, pensadores reconocidos.
Para concluir es necesario decir que librarnos de los prejuicios sería casi imposible, desafortunadamente, nacemos con ellos, nos los inculcan como una manera de autodefensa ante la vida. Lo importante es saber aplicarlos positivamente, con un fin constructivo para ayudar a mejorar. Podemos prejuzgar siempre y cuado seamos objetivos, razonemos antes de discriminar o rechazar algo. Tomemos pues conciencia y sentido de la lógica al hacer comentario u opinión de las situaciones y las personas que nos vamos encontrando a lo largo de la vida.
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